Norita, mirándolo directamente a los ojos, le dice:
—Nene, cuídate mucho, ¿entendés? No andes solo por estas calles. Joaco, tomado por sorpresa, apenas puede asentir. Antes de que pueda decir una palabra, Norita lo abraza con la fuerza y el amor de una madre, un abrazo que transmite años de búsqueda y dolor.—Abrazame como si fuera tu mamá, tu abuela. No dejes que pase un día sin darles un abrazo —agrega la mujer.
Joaco, conmovido, la abraza con fuerza y siente que su propio corazón se une al latido de lucha y resistencia de todas esas mujeres.
—Lo haré, lo prometo. Y… lo siento mucho, por todo esto, por su hijo…
Norita se separa un poco para mirarlo de nuevo, sus ojos brillantes con lágrimas contenidas.
—Yo siempre lo busqué, y nunca dejaré de hacerlo. Mi hijo está aquí —dice tocándose el pecho— y en cada rincón de esta plaza. (pag 98)
Extraído de Huesos del Silencio pa

La lucha en Silencio
El sol de la tarde entraba suavemente por las ventanas del pequeño departamento en Barcelona, llenando de tonos cálidos el living. Los muebles, una mezcla de estilos modernos y rústicos, reflejaban el gusto ecléctico de la pareja. Joaco, de 35 años, se pasaba la mano por sus cabellos rojizos mientras esperaba que el agua para el mate calentara. Chloe, sentada en el sofá de terciopelo azul, irradiaba la belleza serena de las Islas Canarias. Un aura de calma la envolvía.
El silencio en la habitación era acogedor, lleno de una confianza mutua construida a lo largo de los años.
Chloe se acercó suavemente, apoyando su mano en la espalda de Joaco, y le sonrió con ternura.
—Joaco, cuéntame más sobre aquella vez en Buenos Aires, en la Plaza de Mayo, cuando te encontraste con Norita —dijo, su voz suave, cargada de curiosidad y empatía.
Joaco respiró hondo, como si reuniera valor para sumergirse en ese mar de recuerdos. Sus ojos, normalmente alegres, se tornaron serios, reflejando la profundidad de lo que iba a compartir.
—Fue… —empezó, su voz apenas un susurro—. Fue cuando era más joven. ¿Recuerdas que te conté de mi tiempo en Argentina, cuando estábamos buscando a Silvia?
Chloe asintió, su expresión atenta y afectuosa.
—Sí, me dijiste que fue un momento que te cambió, pero nunca me contaste por qué.
Joaco la miró a los ojos, encontrando en ellos la seguridad que necesitaba.
—Silvia… era una compañera nuestra, ¿recuerdas? Desapareció hace unos meses, sin dejar rastro. Estaba desesperado por encontrar alguna pista, por saber qué le había pasado. Me había reunido con la prima de Silvia en el café Biju, en Buenos Aires. Era un jueves, y la plaza estaba llena. No sabía entonces que era la «Rueda de los Jueves» de las Madres de Plaza de Mayo.
Chloe parpadeó, sorprendida y conmovida.
—¿Estuviste allí? ¿Con ellas? —preguntó, casi en un susurro.
Joaco asintió, su voz temblando ligeramente.
—Sí. Mientras caminaba por la plaza, conocí a Norita. Es una de las Madres de Plaza de Mayo. Me acerqué a ella porque estaba buscando información sobre Silvia. Le conté sobre mi madre y sobre mi búsqueda, y me escuchó con tanta paciencia…
Chloe apretó la mano de Joaco con más fuerza, sintiendo el peso de sus palabras.
—Debe haber sido… desgarrador.
Joaco asintió, apretando suavemente la mano de su esposa.
—Lo fue. Norita me contó sobre su hijo desaparecido y sobre cómo llevan años buscando respuestas, sin rendirse jamás. Ver la fuerza en sus ojos, la determinación… Fue la primera vez que realmente entendí lo que significa luchar por algo más grande que uno mismo. Unos meses después, todo empeoró. Se llevaron a mi mamá también. Pero esas mujeres, Norita y las demás, me enseñaron a no perder la esperanza.
Chloe acarició su mejilla, sus ojos brillando con lágrimas contenidas.
—Siempre he admirado esa parte de ti, Joaco. Esa pasión, ese deseo de hacer del mundo un lugar mejor. Ahora entiendo de dónde viene.
Joaco sonrió, una sonrisa triste pero llena de gratitud.
—Gracias, Chloe. Significa mucho para mí que lo entiendas.
Ella se acercó y lo abrazó, susurrándole al oído.
El silencio volvió a llenar la habitación, pero esta vez era un silencio lleno de comprensión, amor y un compromiso renovado. Afuera, el sol continuaba su descenso, bañando la ciudad con una luz dorada, mientras dentro, Joaco y Chloe encontraban consuelo en los brazos del otro, compartiendo recuerdos que los unían aún más.
Las madres de plaza de mayo en los escritores argentinos.
“Los que nacimos antes de la dictadura y perdimos a nuestros padres en la represión estamos muertos, o vivos a medias. Somos huérfanos de padres desaparecidos. Somos los que vivimos en cuevas. Somos topos.”
Félix Bruzzone,
Los topos” de Félix Bruzzone: Este libro es una novela que trata sobre la búsqueda de la identidad y la memoria. El protagonista, cuya madre fue una desaparecida, explora la relación con su propia historia y la de las Madres de Plaza de Mayo. Félix Bruzzone, hijo de desaparecidos, utiliza una narrativa que refleja la complejidad de crecer bajo la sombra de una historia tan dolorosa.
Félix Bruzzone nació en Buenos Aires, en 1976. Estudió Letras en la Universidad de Buenos Aires. En 2005 cofundó la Editorial Tamarisco. Publicó el libro de cuentos 76 y las novelas Los topos, Barrefondo y Las chanchas. Sus libros han sido traducidos en todo el mundo. Ganó el Premio Anna Seghers en Berlín en 2010. Sus cuentos integraron antologías de Argentina, Uruguay, España, Italia y Alemania, y sus relatos y crónicas aparecen habitualmente en diversos medios gráficos y virtuales.
Otros Autores
“Dos veces junio” de Martín Kohan: Aunque no se centra exclusivamente en las Madres de Plaza de Mayo, esta novela aborda la atmósfera de represión y violencia del período dictatorial. Kohan explora cómo los crímenes de la dictadura y la lucha de las Madres por la justicia han moldeado la sociedad argentina.
“Kamtchatka” de Marcelo Figueras: Aunque es más una novela sobre la infancia durante la dictadura, “Kamtchatka” toca indirectamente el tema de las desapariciones y la resistencia de los familiares, lo cual conecta con la lucha de las Madres de Plaza de Mayo.
“Una misma noche” de Leopoldo Brizuela: Esta novela se enfoca en los efectos perdurables de la dictadura en la sociedad argentina, entrelazando historias de víctimas y sobrevivientes. Aunque no trata directamente de las Madres de Plaza de Mayo, su narrativa aborda temas de memoria, justicia y los traumas colectivos que estas mujeres han tratado de sanar a través de su lucha.
“Las viudas de los jueves” de Claudia Piñeiro: Aunque la novela de Piñeiro se centra más en la corrupción y la decadencia moral de la clase alta argentina, también refleja las secuelas sociales y culturales de los años de la dictadura, en los que las Madres de Plaza de Mayo desempeñaron un papel crucial como símbolo de resistencia.
“La casa de los conejos” de Laura Alcoba: Esta novela narra la historia desde el punto de vista de una niña que vive en una casa utilizada como imprenta clandestina durante la dictadura. Aunque el enfoque no está directamente en las Madres de Plaza de Mayo, sí se siente la atmósfera de miedo, resistencia y lucha que ellas representaron.






Deja un comentario