En la segunda semana de junio de 2025, el mundo se despertó con un bombardeo de Irán a Israel . Llevamos varios años de muertes a mansalva, en muchas partes del mundo, y más aún en Medio Oriente. En mi teléfono, las redes relataban los misiles de un lado y el sistema de defensa del otro. Las pantallas se llenaron de alertas y titulares urgentes. Comentaristas antiguos y advenedizos de likes ocupaban cada espacio. 

—¿De qué no están hablando? —reflexioné, mientras apagaba el móvil. Hace tiempo que escribir me permite concentrarme mejor. 

Cuando hablamos del pueblo judío o del musulmán, surgen un cúmulo de prejuicios y desconocimiento. ¿Pero hablamos solo de ellos en Medio Oriente? ¿Es siempre la religión, desde el inicio de la historia? 

Mi mente me llevó a un recuerdo de mi niñez. La escuela era todo en esa época. Estaba frente a la mítica plaza Colón, en la ciudad de Córdoba. Me vi de la mano de mi madre ingresando a la Escuela Normal Nacional Alejandro Carbó. 

El largo pasillo, el aula con escritorios de madera. Nos acomodaron en filas por apellido paterno. Hornes, Milotich, Moretta, Smulovich y Salomón. Esa fila era un resumen de las religiones: judíos, musulmanes y cristianos. Y dentro de los últimos, romanos, ortodoxos y evangelistas. 

No había símbolos en las paredes de la escuela, tampoco en nuestros corazones. O tal vez sí, solo que nos quedamos con lo mejor de todas ellas. 

Jugábamos en el cordón de los jardines con autitos. Y entre todos, nos los prestábamos. ¿Te imaginas prestar el tuyo? No importaba. 

Sobre la mesa, el móvil reflejó un destello de una notificación. 

—No lo apagué —pensé. No tardé mucho en revisarlo. 

La imagen era del presidente de Argentina con la bandera de Israel. 

¡Para qué contarles los comentarios! 

—¡Ah, este nunca lo vi con la escarapela! —escribió uno. 

¿Y si estuviera con la bandera del Vaticano, alguien diría algo? 

Me parece bien que se respete su fe. ¿Acaso no tuvimos un Papa católico argentino? 

Mi país es eso: una mezcla de todo, hasta de contradicciones. 

Volví a mi escrito. Me sentía incómodo. Recordé el atentado contra la embajada de Israel en Buenos Aires y a los muertos de la mutual israelita. El edificio derrumbado, las familias desmembradas. Leía los diarios de la época: «La pista iraní».  

Mi esposa me acercó una taza de café. Ese olor cotidiano. Sus ojos grandes, iluminados. Volví a los doce años. 

Detrás de mí, estaba él. Alto, con rulos. Ojos grandes, marrones, profundos. Su familia era de comerciantes musulmanes. Jugaba al fútbol como los dioses. Hace poco, en Facebook, le puse una carita triste a su publicación. 

Estaba destrozado: hablaba del genocidio y de los niños muertos en Gaza. 

Milotich está muy bien. De Smulovich no puedo escribir: duele. 

Vi una nueva notificación. Era de Gaby. 

—Basta de muerte en Palestina —escribió ella. 

La imagen que adjuntó mostraba el cambio territorial de Israel desde el siglo pasado hasta hoy. Se imaginan la catarata de respuestas. 

—Sos antisemita —dijo uno. 

—Soy judía —dijo ella. La recordé con su guardapolvo blanco y su melena colorada. 

Entre el pizarrón y la primera fila jugábamos al colectivo. Todos parados, con una mano alzada, como tomando el soporte. Nos empujábamos. Nos reíamos sin parar. 

Un día, Gaby se cayó. Justo ingresó la profesora. El más alto estaba al lado. 

—¿Salomón, qué ha hecho con la niña? —preguntó, alzando la voz. 

Recuerdo sus ojos brillando. 

—Él nunca me haría daño —dijo Gabriela, tomándole la mano. 

Siempre imaginé que terminaría con ella, pero no fue así. 

Terminé mi café con algo escrito en la página. Me enojé con la vida. 

Como dice Sabina: «Las noticias no hablaban ni de mí, ni de ti». 

No es lo mismo ser judío que sionista. 

Nadie dice que Israel también está manejado por un grupo extremista. Vemos al pueblo judío que muere y escapa de esta guerra sin sentido. La mayoría no son sionistas. 

¿Y entonces? 

En la escuela, los intereses y las peleas eran por amor, por apoyar, o por metido nomás. La naturaleza humana, que le dicen. 

Si lo traducimos a la adultez, ¿por qué nos interesamos? 

Desde los fenicios, por dinero. 

Todos conocemos la frase: «Por monedas baila el mono». 

No pienses en la libertad. Y menos en la de culto. 

¿Quién gana dinero con estas muertes?

Las grandes potencias, dirán algunos. El petróleo siempre fue de color sangre. De eso no hay duda.  

El explorador web también notificaba en un extremo de mi pantalla. 

Tres fotos en los titulares. 

—Millones de personas no acceden a salud en los Estados Unidos— leí en voz baja el epígrafe de la primera. 

Lector, si le hacemos esa misma pregunta al americano pobre, ¿qué respondería? 

En la segunda, una madre rusa con una banderita en una mano y la foto de su hijo muerto en la otra. 

Y la tercera, la familia de gales, dueños de la etiqueta y del buen gusto. 

Recordé mi viaje a Jaipur en la India y los millones de muertos por la hambruna del colonialismo inglés. 

Todo esto nos revela que los pueblos tienen gobernantes que responden como el mono de la frase. Lo terrible es que las monedas las tienen unos pocos. 

De eso, no se habla. Los medios, diarios, redes sociales: juguetes. 

Nosotros, los receptores del juego. 

Seguimos creyendo lo que nos dicen, aunque sabemos que son mentiras.  

En esa escuela, aunque éramos niños, nadie se peleaba por la fe.  

En la vida, tampoco. 

Seguro hay fanáticos. Pero alguien, con algún tipo de moneda, los convirtió en monos.  

Y los medios te confirman la historia por la cual bailan. 

En la noche y en la TV nadie sabía de Gabriela ni de Salomón. Que los seres humanos pueden ser amigos y amarse de cualquier forma.  

También se mata por unas monedas. 

Solo comentaban de misiles y de los muertos de un solo lado.  

Voceros de turno, con la cantinela que corresponde.  

Nadie responde a la pregunta.  

Yo decidí quedarme en ese momento de mi infancia.  

Cuando el muchacho alto tomó la mano de la señorita de rizos rojos y la ayudó.


Descubre más desde Gustavo Lorenzo Moretta

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

2 respuestas a “Nadie se peleaba por la fe.”

  1. excelente gustavo!!! Felicitaciones

    Me gusta

Deja un comentario

Tendencias